Según ha informado Ecomatín, a menos de un mes de las elecciones a la presidencia del Banco Africano de Desarrollo (BAfD), se analiza el perfil de los cinco candidatos y lo que sus programas significan para el futuro económico del continente. En un contexto de desafíos financieros, cambio climático y necesidad de industrialización, África se prepara para elegir no solo un nuevo líder institucional, sino un nuevo rumbo estratégico.
Unos días más, y se conocerá al futuro presidente del Banco Africano de Desarrollo (BAfD). En un momento en que África está tratando de equiparse con nuevas palancas de crecimiento frente a un contexto global incierto, las elecciones programadas para el 29 de mayo son de suma importancia. Cinco candidatos de procedencia complementaria (finanzas públicas, instituciones multilaterales y gobiernos nacionales) aspiran a tomar las riendas de esta institución clave para el desarrollo continental. Más allá de los perfiles, hay cinco visiones sobre el papel futuro del BAfD: transformación estructural, soberanía financiera, inclusión social, integración regional y continuidad institucional.
Sidi Ould Tah: Facilitar el acceso a capital asequible
El candidato de Mauritania, Sidi Ould Tah, articula su programa en torno a cuatro grandes prioridades destinadas a reposicionar al banco como palanca central para la transformación del continente. En la cúspide de sus compromisos: facilitar el acceso a capital asequible a gran escala. Según él, las sucesivas crisis han exacerbado las tensiones de liquidez en los Estados africanos, que ya se enfrentan a altos costos de endeudamiento. Con su experiencia al frente del Banco Árabe para el Desarrollo Económico en África (BADEA), propone un modelo de movilización de recursos basado en la colaboración con bancos regionales, inversores privados y socios multilaterales, junto con instrumentos financieros innovadores y mecanismos de garantía reforzados. Su objetivo: multiplicar el impacto del capital movilizado, transformando cada dólar recaudado en al menos diez dólares de inversión productiva.
La segunda prioridad estratégica de Mauritania es el desarrollo del capital humano, en particular de los jóvenes africanos, en un contexto de transición demográfica. Para Ould Tah, el rápido crecimiento de la población solo puede convertirse en una ventaja si va acompañado de una transformación estructural que cree puestos de trabajo de calidad. Esto incluye la formalización del sector informal, que emplea a más del 80% de los africanos, pero que a menudo está excluido de las políticas públicas. Propone desplegar incentivos fiscales, herramientas tecnológicas y financiamiento específico para permitir que las microempresas agrícolas o urbanas se integren a la economía formal y crezcan de manera sostenible. Este enfoque tiene como objetivo construir una economía más inclusiva, donde la dinámica empresarial popular se convierta en un motor de desarrollo por derecho propio.
Por último, el último pilar de su agenda es el desarrollo de infraestructuras sostenibles y resilientes al clima, que son esenciales para liberar el potencial transformador del continente. Sidi Ould Tah insiste en la urgencia de crear cadenas de valor en torno a los recursos naturales africanos, que con demasiada frecuencia se exportan en bruto. Exige invertir en capacidades locales de procesamiento y refinación industrial, fortalecer las conexiones entre las zonas rurales y urbanas e integrar la dimensión climática desde la etapa de diseño de los proyectos. Este modelo se basa en un doble imperativo: llenar la brecha de infraestructura, particularmente en infraestructura digital, y garantizar que cada inversión sea sostenible frente a futuras crisis. Al capitalizar los éxitos pasados del BAfD en esta área, su objetivo es hacer de la infraestructura un catalizador para la adición de valor local y el empoderamiento económico de África.
Amadou Hott: cambiar el «software» de África
El programa económico de Amadou Hott para la presidencia del BAfD se distingue por una visión audaz de la transformación estructural basada en la integración regional. Una de sus propuestas más llamativas es la necesidad de un «cambio de software» para África. El exministro senegalés de Economía aboga por romper con la tradicional dependencia de la financiación extranjera y centrarse en la movilización de los recursos africanos existentes: fondos soberanos, fondos de pensiones y capital privado, estimados en más de 4.500 millones de dólares. Para llenar la brecha anual de infraestructura -entre $130.000 millones y $170.000 millones- propone la creación de vehículos de capital paciente a largo plazo, gestionados localmente, capaces de estructurar proyectos financiables que sean atractivos para la coinversión privada. Esta estrategia tiene como objetivo crear un ecosistema de inversión endógeno, en el que los actores africanos se conviertan tanto en iniciadores como en garantes de su desarrollo, reforzando la confianza de los inversores internacionales a través de la participación directa en los proyectos estratégicos del continente.
Al mismo tiempo, Hott se enfoca en modernizar las prácticas comerciales y administrativas a través de la innovación tecnológica. Aboga por el despliegue de herramientas como el Sistema Panafricano de Pagos y Liquidación (PAPSS) o blockchain para hacer que el comercio transfronterizo sea más rápido, barato y seguro, eliminando las barreras no arancelarias y los trámites obsoletos. Insiste en la necesidad de finalizar el protocolo sobre comercio digital en el marco del AfCFTA, considerando este paso como esencial para transformar a África en una potencia industrial y agrícola capaz de crear valor localmente. Para Hott, el éxito de la integración africana dependerá de la alineación de estas dos palancas -una infraestructura robusta y una gobernanza modernizada- para que África deje de ser una promesa de desarrollo, sino un actor económico global, dinámico y soberano.
Abbas M. Tolli: Rumbo a la soberanía alimentaria
El programa de Abbas Mahamat Tolli se basa en cinco áreas prioritarias, en el centro de las cuales se encuentra la soberanía alimentaria. El ex gobernador del BEAC denuncia el absurdo económico de un continente que importa hasta 85.000 millones de dólares en alimentos cada año, mientras que posee el 65% de la tierra cultivable sin explotar del mundo. Para corregir esta dependencia, propone un aumento masivo de la inversión pública y privada en la agricultura, junto con una formación específica para los jóvenes y la adopción de tecnologías modernas. También contempla la creación de corredores logísticos para limitar las pérdidas posteriores a la cosecha, mejorar la competitividad de los sectores locales y reorientar los ahorros obtenidos a otros sectores estratégicos. Este voluntarismo productivista va acompañado de un segundo eje fuerte: el establecimiento de un gran mercado energético africano.
Su tercer pilar se centra en la gobernanza económica, que quiere reforzar a través de una mayor transparencia presupuestaria, una mayor digitalización de las administraciones tributarias y una gestión rigurosa de los recursos públicos, con el apoyo técnico del BAfD. Además, existe un compromiso con el clima, con el deseo de invertir masivamente en energías renovables para promover el crecimiento verde. Por último, Tolli apunta a estructurar mercados financieros nacionales fuertes, capaces de reciclar los ahorros locales y atraer capital a largo plazo a través de instrumentos como los bonos de vencimiento extendido.
Con su experiencia en el BEAC, donde enderezó las finanzas de la CEMAC y estimuló la creación de un mercado regional de valores públicos, presenta su candidatura como la de un gestor pragmático, comprometido con la disciplina financiera y la integración económica regional. Su objetivo: reposicionar al BAfD como actor central de la soberanía financiera africana, modernizando sus herramientas de financiación y preparando, a largo plazo, el surgimiento de una moneda continental única.
Samuel Münzele: prioridad a la creación de empleo
Samuel Munzele Maimbo presenta una visión integrada y pragmática de la transformación económica de África, basada en la creación de empleo a gran escala, la industrialización, la integración regional y la inversión privada. Quiere cambiar el papel del BAfD de un motor de desarrollo basado en la infraestructura pública a un catalizador del crecimiento impulsado por el sector privado. Esta transición se basará en sectores estratégicos como la agricultura, las industrias creativas, la tecnología digital y la energía, con una fuerte participación de las pymes, las asociaciones público-privadas y las innovaciones tecnológicas como la inteligencia artificial y el blockchain. Maimbo insiste en la implementación concreta del AfCFTA para impulsar el comercio intraafricano, al tiempo que se consolidan los mecanismos de pago, se reducen las barreras no arancelarias y se desarrollan cadenas de valor regionales competitivas.
En cuanto a infraestructuras, defiende un enfoque centrado en el impacto humano, integrando las necesidades urbanas y rurales a través de proyectos multisectoriales (transporte, energía, TIC, agua, salud, educación). Propone invertir masivamente en conectividad y urbanización inteligente, centrándose en asociaciones con la UE, la UA y otros actores digitales. En cuanto a la energía, Maimbo quiere convertir al BAfD en un pilar de la agenda «Misión 300» a través del desarrollo masivo de energías renovables, minirredes rurales y la interconexión transfronteriza, al tiempo que apoya la reforma de los servicios públicos. En la agricultura, apunta a una transformación profunda del sector promoviendo la mecanización, la agroindustria y la resiliencia climática, en una lógica de integración completa de la cadena de valor, desde la granja hasta el mercado.
Bajabulile Swazi Tshabalala: Por continuidad
Bajabulile Swazi Tshabalala, con más de treinta años de experiencia en finanzas, infraestructura y desarrollo económico, se posiciona como candidata a la continuidad y la transformación para la presidencia del Banco Africano de Desarrollo (BAfD). Con el apoyo oficial del gobierno sudafricano, ofrece una visión basada en la solidez financiera, el impacto sostenible y la eficiencia estratégica. Fue vicepresidenta sénior del BAfD, dirigió la respuesta financiera de la institución a la pandemia de COVID-19 e introdujo innovadores instrumentos de financiación híbridos para atraer al sector privado sin comprometer la estabilidad fiscal. Ahora tiene la intención de fortalecer la agilidad del BAfD, centrándose en proyectos financiables y sostenibles, manteniendo al mismo tiempo una estrecha alineación con las prioridades nacionales y regionales de los países africanos.
Su visión se basa en un tríptico: infraestructura, inclusión e innovación. Quiere hacer de la infraestructura una palanca central para el crecimiento económico, centrándose en proyectos que conecten los mercados africanos, reduzcan las barreras comerciales y promuevan la industrialización. Tshabalala también tiene la intención de institucionalizar herramientas de financiamiento combinado para diversificar los recursos del BAfD y ampliar su alcance. Con su experiencia en el sector privado y su compromiso con el servicio público, también se enfoca en el empoderamiento de los jóvenes y la igualdad de género como ejes estratégicos de desarrollo. Para ella, el BAfD debe encarnar un África ambiciosa, financieramente soberana y socialmente inclusiva, capaz de transformar cada inversión en una oportunidad real para los pueblos.
fuente: energyandcapital